Siete años produciendo open mics: lo que aprendí a la mala

Detrás del telón · 26 de julio de 2026

Por Iann Yanes

Escenario vacío de un local de comedia iluminado en rojo, con un letrero de neón encendido antes de que llegue el público

Uno de los peores shows que he producido fue en el restaurante de un club social. El dueño tenía toda la intención de hacer comedia ahí, llevé comediantes experimentados, se vendieron entradas. Pero era el restaurante del club y no podía negarle la entrada a los socios. Esa noche había un cumpleaños, había ruido, había gente que no fue a ver comedia y que no tenía ninguna obligación de estar conectada con el show. Y no lo estaba.

Tuvimos que remarlo (el show). Nadie lo pasó bien — ni los comediantes ni los que habían pagado. Y el error no fue de los comediantes ni de los socios del club. Fue mío.

Comencé produciendo micrófonos abiertos en Chile en 2019, en restaurantes, locales de comedia, incluso en pandemia en un table dance que tenía un tubo en el escenario. En el post anterior expliqué qué es un open mic y a quién le sirve. Esto se trata de lo que aprendí produciéndolos, y qué haría distinto si empezara mañana.

Un open mic no se produce, se cultiva. Hay muchos factores que pueden hacer que un Open Mic salga mal, pero hay tres cosas que son controlables por la producción: el lugar (que no cambie frecuentemente), una parrilla armada con criterio y un host que sepa leer la sala. Sin esas tres, estás apostando al fracaso.

1. El lugar, crear costumbre.

Mi patrón durante años fue el mismo: llegaba a un local, arrancábamos, hacíamos cuatro o cinco funciones, y el Open mic se moría. Cambiaba de lugar y empezaba de cero otra vez.

El diagnóstico me tomó demasiado tiempo: hay dos tipos de local y cada uno te mata por una razón distinta.

El bar o restaurante ve el Open mic como una manera de llenar mesas un día flojo. Todo bien hasta que se da cuenta de que el público que llega es el de los comediantes. Y ahí empieza la exigencia: tráeme más gente, garantízame un mínimo. Cuando eso pasa, el open mic dejó de ser un open mic. Porque para llenar la sala tienes que explotar el público de los comediantes que se presentan, y a ellos no los tienes ahí para que vendan entradas, los tienes ahí para que prueben material. Son dos negocios distintos peleando por la misma noche. El comediante quiere probar material con público que no lo conoce, mientras que el bar quiere gente que consuma, aumentar las ventas en un día generalmente malo. No es que no se pueda lograr pero toma tiempo.

Micrófono en el escenario frente a una sala de butacas rojas todavía vacía

El local de comedia falla por el motivo contrario. Ellos ya tienen su modelo andando, y su modelo produce llevando comediantes establecidos a hacer shows completos. Sembrar el circuito, nutrir a los comediantes de menos experiencia (la movida underground), eso no está en su negocio y es un gasto que deciden no asumir.

Lo que yo iba a vender y que casi nunca logré, era otra cosa, que hicieramos este open mic de manera constante, tres, cuatro, seis meses. Con el tiempo la gente va a saber que aquí hay stand up comedy y se hace el punto de comedia. Y una vez que existe el punto, puedo empezar a traer comediantes más famosos, más experimentados, gente que quiere probar material y el público iría por la posibilidad de ver a un comediante famoso pagando muy poquito.

Lo que me tomó años entender es que no tenía que producir cada función por separado, tenía que producir el lugar. Una función buena se acaba esa noche, un punto de comedia sigue trabajando para ti todos los meses siguientes, aunque una función te salga mala. Si cambio de local cada dos meses, estoy produciendo shows sueltos y empezando de cero cada vez. Si me quedo, estoy construyendo costumbre que a la larga trae público (Voy a ir a la sala porque siempre hay comediantes probando material y la entrada es barata).

¿Cuánto demora? No tengo un número exacto, porque casi nunca me quedé en un local más de 2 meses. Pero se de un ejemplo, el Open Mic Clásico de Kato (@Muertesmuertesmuertes) que se hace todos los lunes desde hace casi dos años. No lleva mucho público porque se llena de comediantes, los que se presentan y los que van a ver (que igual consumen :D) y de a poco empezaron a caer comediantes experimentados a probar material ahí, Se hizo el punto. Mi estimación, con lo que he visto, es que necesitas mínimo tres meses de constancia real antes de que el lugar empiece a trabajar a tu favor.

Mi propuesta a los locales de comedia es que dediquen dos días al mes a un open mic producido por ustedes. Ya tienen el público y el espacio. Solo hay que armar el show, venderlo como lo que es: una prueba de material, y balancear la parrilla como mejor les parezca. Es el semillero más barato que van a encontrar y los comediantes que salgan de ahí son los que después les van a llenar la sala. También podrían eliminar los platos y tragos que usan juguera (licuadora) o al menos alejarla del escenario.

Lo que gana el público (que no es poco)

Cuando el lugar es siempre el mismo el espectador deja de tener incertidumbre. Ya sabe cómo llegar, qué línea de metro, qué micro, donde estacionar, cuánto cuesta la comida, si la silla es cómoda, si hace frío. Ya no tiene que decidir nada difícil: “hoy no quiero gastar mucho ni hacer nada especial, me voy al open mic”. Se vuelve un punto de entretenimiento conocido, y eso es exactamente lo que estamos construyendo.

Además le pasa algo más interesante. Empieza a seguir comediantes. Ve que a uno le fue mal y a otro le fue bien, vuelve el mes siguiente, compara, se hace fan de alguien antes de que ese alguien sea alguien, y de vez en cuando se topa con alguno conocido que llegó a probar material.

Y hay una tercera cosa: el público que vuelve te habla, te dice qué mejorar, se lo dice al dueño del local. Se vuelve parte de la producción sin saberlo.

Por qué La Sala (Donde la Chipi)

Hoy trabajo en La Sala y es mi lugar preferencial por razones muy concretas, ninguna de ellas romántica.

El dueño es comediante y productor de hace años (administró Doble Stand-Up antes de esto). Eso significa que hay situaciones que no tengo que explicar porque él ya las vivió. La infraestructura y la técnica está resuelta y ajustada: parlantes, cables, micrófonos, pantallas y, sobre todo, la iluminación, que es un mundo aparte y merece su propio artículo.

Traducido: puedo controlar las variables. Producir es, casi enteramente, reducir la cantidad de cosas que pueden salir mal antes de que empiece el show.

2. La parrilla es el show

Esta es la parte más difícil y la que más subestimé cuando empecé.

Mi filosofía es no decirle que no a ningún comediante. Pero sí puedo decirle “hoy no” y esa distinción es todo el trabajo.

Porque como productor tengo que garantizar un piso de calidad, y la manera de garantizarlo es planificar siempre pensando en el peor escenario: que todos sean nuevos. Si la parrilla de esa fecha ya está cargada de gente con poca experiencia, no puedo agregar a alguien que no conozco. No es un juicio sobre el comediante, es una decisión de equilibrio.

Lo que sí ayuda muchísimo: que el comediante deje material. Un video, sus redes, algo. Mientras más pueda ver antes, mejor armo la noche y más fácil es incluirlo.

Parrilla del open mic escrita a mano sobre la mesa, antes de empezar el show

El formato que uso hoy:

  • Entre 5 y 15 minutos por comediante. Nadie debería bajarse antes de los cinco. De ahí en adelante, que se baje cuando quiera.
  • Cuatro comediantes mínimo, cinco máximo en cartel, más los experimentados que caigan a probar material.
  • Idealmente yo no salgo a buscar a nadie — y esto también depende de la constancia: cuando el show tiene punto fijo, los comediantes se anotan solos. El Open Mic Clásico otra vez como ejemplo.

El orden importa, y muchísimo: armo la parrilla alternando desde los extremos. Abre el más experimentado, después va el principiante con menos escenario de todos, tercero, el segundo con más experiencia. Y así, cerrando hacia el centro.

La lógica es que cada comediante nuevo entra a una sala que alguien acaba de dejar caliente y evitar en lo posible dos caídas seguidas. El más experimentado abre porque hay que construir el piso antes de arriesgarlo.

Cuando inicié en la producción armaba la parrilla por orden de llegada, o por orden de inscripción. No tenía idea del daño que estaba haciendo. Una noche teníamos de host a Neo (mago y comediante) con todas las herramientas del mundo para manejar público, pero cuando a todos los comediantes de la noche les va mal, uno detrás de otro, no hay host que aguante.

No es que lo hagan mal. Es que les va mal, que es distinto. No conectan, y ya.

Afiche de una de las primeras ediciones de La Consulta, anunciando a Neo como host

Ese día entendí que, con ese orden, le estaba haciendo el trabajo imposible a alguien que estaba dando todo arriba del escenario.

3. El host es la base del show

Yo hago una diferencia que no todos hacen: hostear, hacer crowdwork y presentar material propio son tres cosas distintas.

El host administra la energía de la sala. Y punto.

De ahí sale la regla que más me gusta enseñar: si al comediante anterior le fue muy bien, el host no hace nada. Se para, busca más aplausos para el que salió y presenta al siguiente rápido. Ya está todo arriba, así que hay que mandar al próximo a aprovechar ese momento. El host principiante (no digo malo, digo principiante) hace exactamente lo contrario: como la sala está caliente, se queda a jugar y quema la energía que le correspondía al próximo comediante.

El host debe evitar riesgos innecesarios. No hacer cosas que puede que no funcionen, como hacer chistes a costa de lo que dice el público, burlarse de la gente. Es bueno que tenga herramientas de improvisación para crear algo cómico en el momento, saber estar “aquí y ahora” y crear con el “Si, y”. El público tiene que sentirse seguro y hasta en complicidad con el host.

Y cuando a alguien le va mal, el host se pone del lado del público. Cuando sea necesario, hace referencia al elefante de la sala. No para hacerle bullying al comediante, sino para que el silencio deje de ser un secreto incómodo y todos se relajen. Si eso no pasa, el que sube después entra a una sala con expectativa negativa, y arranca perdiendo.

Comediante de espaldas sobre el escenario, frente a una sala llena de público

¿Un comediante principiante puede hostear? Yo creo que la pregunta está mal hecha. No depende de los años. Depende de si puede leer la sala. Hay gente que lo trae y gente que lo aprende. Estudiar y ensayar otras artes ayuda mucho: teatro, actuación, improvisación, clown. Mientras más herramientas tenga, más probabilidades de hacer bien el trabajo.

¿El host debe hacer material propio? Si sirve para llevar la energía a donde tiene que estar, que lo haga. Si sirve un juego de improvisación, si sirve clown que lo haga. El material propio del host es un medio, nunca el fin.

La realidad es que no siempre funciona. Me ha tocado tratar de salvar noches como host y como comediante cerrador y no siempre lo logré. Haces chistes con lo que acaba de pasar, tiras algo de coyuntura, tratas de reconectar para llevarlos a tu rutina. A veces se da y a veces no, porque esto al final es una relación / conexión entre el público, los comediantes, y sus rutinas.

El host define el piso del show. No el techo. El techo lo define la parrilla, y la parrilla la armas tú.

Lo que le diría a alguien que va a producir su primer open mic

Es un maratón, no un sprint. Visualiza qué quieres lograr y consigue socios: un dueño de local que entienda de verdad lo que estás construyendo, y alguien que te ayude en la producción. Producir solo no es imposible, pero es muy difícil, y llega un punto en que te hastía y eso te puede costar una pausa innecesaria en tu carrera como comediante y como productor.

Mi error mas caro: irme por lo superficial. Imprimir afiches, salir a pegarlos, pagar publicidad. He invertido alrededor de ocho millones de pesos en los primeros cuatro años de operación de la productora, y la mayor parte de esa plata la gasté en eso, la superficie. No basta con parecer, hay que esforzarse en ser, en la comedia la constancia es la reina. No es que la publicidad no sirva; sirve, pero es un mundo que hay que aprender, y no es por donde se empieza.

Se empieza por el fondo. ¿Cuál es la historia del show? ¿Qué papel juega cada integrante del equipo? Y qué servicio le estás dando al público, al local y al comediante. Si no puedes responder esas preguntas, falta pre-producción.

Qué gano cuando esto ya esté andando. Hay una trampa esperando al final del camino cuando todo funcione, que el punto exista, y que la gente llegue: que aun así te siga costando más de lo que entra y te desanimes o abandones. Para mi, creo que tener un circuito de Open Mics de calidad donde más comediantes puedan tener sus “horas de vuelo” va a ayudar a desarrollar la industria de la comedia y todos vamos a estar mejor por eso.

La Consulta

La Consulta es nuestro open mic, y es donde estoy aplicando todo esto: un solo lugar, parrilla armada con criterio, y yo al micrófono sosteniendo la energía. Jueves 30 de julio, 20:00 hrs, en La Sala. Entrada $3.000, aforo 30.

Consigue tu entrada aquí →

Si eres comediante y quieres subirte, déjanos tus datos acá. No le decimos que no a nadie — a veces decimos “hoy no”, y ahora sabes exactamente por qué.

— Iann Yanes, Risa y Comedia

No te pierdas ni una función

Cartelera mensual, preventas antes que nadie y el mejor chiste del mes directo a tu correo.

Sin spam. Solo comedia. Puedes salir cuando quieras (pero no vas a querer).